Salimos
cuando la luna aún impera en la oscura cúpula, que se va destiñendo al ritmo de
los neumáticos sobre una curvilínea corriente de asfalto estático y
deficiente. El trayecto desobedece a Cronos y a sus ponzoñosas agujas. Parece de
longitud variable e infinitos recovecos. A veces el prístino sol guía nuestras
miradas hacia el plateado y chispeante río; serpiente anchísima de fuerza
colosal e hipnótica belleza. Parece una masa de recuerdos moviéndose al son de
los árboles y su místico vaivén; primitiva danza que triunfará sobre todos
nosotros. Alegres, satisfechos, atravesarán con sus raíces nuestros inertes
cuerpos; cadáveres carcomidos por un mundo nunca amnésico.
Por ello
quiero, cuando mis latidos cesen, ser cremado y entregado al viento; he de
ensayar diariamente cómo liberarme de las amarras que atan mis extremidades y
mis raíces, y como diría una entrañable amiga e integral poetisa: des-gá-ja-te en el viento.
Por
el momento, cuando vuelvo
Me asomo
a un horizonte vacío de colores
donde
abundan destellos de una luz
oculta
tras árboles
retorcidos
como manos de viejo
Detengo
la mirada en el espesor que se aproxima a gatas tras el firmamento:
trae
consigo muchos tonos de un verde atardecer
que
retoña sobre el río,
que es
como una masa viva que arrastra las lágrimas y risas
de
kilómetros tardíos.
Hay
muchas aves, pocas especies
y muchos
tipos de hojas en muy poco espacio:
fulgor
tras una cortina de grisácea neblina
…A través
de mi puerta se dibuja un panorama insondable
donde me
zambullo sin sonreír/
el viento
mece mis costillas, transportando mi ser
como a
una pluma
detrás de
cerros secos cargados de piedras y ramas secas:
el verdor
se pudrió en mis intestinos.
![]() |
| Foto del autor |
