#nonecesitamosañonuevo



Comienza un “nuevo año” según el calendario romano católico occidental el cual es usado mundialmente (o casi); hay demostraciones de afecto, consumismo en su mayoría, engorde, cábalas y “renovación”, pero surgen cuestionamientos como ¿por qué la necesidad de celebrar TODO guiándonos de una fecha? ¿Por qué manifestar nuestro cariño y deseos de bienestar a otros seres especialmente y en muchos casos solo en esa época del año? ¿Por qué hacerse promesas de que vas a mejorar y ser mejor persona sólo los 31 de diciembre? son en esas fechas donde la gente se plantea retos tipo #2017estoylista #vamoscontodo #estaveznolacago, no creo que no sea válido, lo es,  quizás también la mayoría de personas nos ponemos emocionales porque la energía que está circulando en el mundo es de la mayoría pensando en que será un año mejor, algunos más conscientes de ello que otros, pero por qué no plantearse todo ello TODOS LOS DIAS DE NUESTRA EXISTENCIA.

Todos los días renovarse, ayer no fuimos los mismos que hoy ni seremos mañana, si quieres que la vida te de todo, pues acepta que viene con desilusiones y con alegrías, no necesitas que el 31 de diciembre te recuerden que va a ser el juergon tampoco arrepentirte solo los 1 enero de lo sucia que dejaste la playa o donde hayas celebrado, ni solo esperar una fecha del calendario para decirle a la gente cercana a ti que los aprecias, que los amas, que estás a gusto de tenerles a tu lado, puedes renovarte y plantearte ser más responsable, consciente y amarte cada día que abres los ojos.

Cada mañana es única, y no lo digo en plan romántico, nuestra existencia humana es corta, limitada, hay que aprovecharla en la medida de nuestras posibilidades y limitaciones.

Antonio Gramsci escribía un 1º de enero de 1916 que odiaba el año nuevo y me gustan sus razones:

“Cada mañana, cuando me despierto otra vez bajo el manto del cielo, siento que es para mí año nuevo. De ahí que odie esos año-nuevos de fecha fija que convierten la vida y el espíritu humano en un asunto comercial con sus consumos y su balance y previsión de gastos e ingresos de la vieja y nueva gestión.
Estos balances hacen perder el sentido de continuidad de la vida y del espíritu. Se acaba creyendo que de verdad entre un año y otro hay una solución de continuidad y que empieza una nueva historia, y se hacen buenos propósitos y se lamentan los despropósitos, etc., etc. Es un mal propio de las fechas. (…)  Por eso odio el año nuevo. Quiero que cada mañana sea para mi año nuevo. Cada día quiero echar cuentas conmigo mismo, y renovarme cada día. Ningún día previamente establecido para el descanso. Las paradas las escojo yo mismo, cuando me siente borracho de vida intensa y quiera sumergirme en la animalidad para regresar con más vigor. (…) Ningún disfraz espiritual. Cada hora de mi vida quisiera que fuera nueva, aunque ligada a las pasadas. Ningún día de jolgorio en verso obligado, colectivo, a compartir con extraños que no me interesan. Porque han festejado los nombres de nuestros abuelos, etc., ¿deberíamos también nosotros querer festejar? Todo esto da náuseas. (…)”


Solo hay amaneceres y atardeceres, y nosotros/as ahí, existiendo junto a otros seres humanos y no humanos, no entres en el juego de la publicidad, comienza a decidir por ti mism@, está bien si quieres celebrar las fiestas programadas por el calendario, pero recuerda que puedes celebrar tu existencia todos los días, aprovechar cada atardecer y amanecer para aprender, para enseñar, para cambiar de hábitos, de actitud, evidentemente evolucionar en el sentido de dejar de tener miedo, aceptar que cambiamos, que nos equivocamos, que se equivocan, que la vida no nos debe nada, que le debemos a ella, que ningún día se repite a pesar de ir siempre al mismo lugar, ver a las mismas personas,  y  que tenemos la posibilidad de transformarnos, pero no esperes que pasen 20 años para hacerlo, puedes hacerlo hoy y recuerda usar protector solar: 





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